I AM GOING!

Mi Baiguate (spanish)

Mi primera experiencia en Baiguate, y en cada verano sucesivo, fue tan feliz como la alegría de esos niños que vi jugando aquel primer día, y tan hermosa a nivel humano como la sonrisa de Isa.

24 February, 2020

Por: Elaine Santana-Silfa
Abogada, publicista, runner, escritora en progreso y Baiguatera de por vida.

Tengo que confesar que cuando a Baiguate yo fui por vez primera fue bajo protesta.

Era el 1980 y el concepto campamento de verano en RD era una verdadera novedad, algo que hacían los gringos, nada que ver con la idea de verano ideal de un niño urbano, para quien era inconcebible la idea de vacacionar sin sus panitas del barrio, la pista de patines, la playa con la familia, el cine, el Atari y la TB, y el viaje a ‘los países’ a ver a los primos americanos.

Qué bueno que alguien le habló a mi papá de Baiguate, y que cuando puse cara de que me estaban condenando a pasarme 4 semanas en el Pleistoceno enviándome a esa montaña arcaica y lejana mi papá no me hizo nada de caso.

Lo primero que vi cuando salí del carro fue un grupo pequeño en una ronda jugando un juego en el que se pasaban rápido y muertos de risa una pelota.

Ayudando a papi a sacar mi maletón del baúl me majé los dedos por estar atenta a las carcajadas y las instrucciones del consejero enorme en shorcitos de jean y camiseta Baiguate amarillo pollito que coordinaba a los jugadores, mi querido, inolvidable Tony.

En eso Isa vino a mi encuentro con aquella sonrisota dulce de hermana mayor alegre y bonita; Mi consejera, y el primer adulto que quise y respeté como mi igual, como una mejor amiga.

¡Bienvenida Elaine! Me dijo, y eso fue todo. A partir de ese momento llegué para siempre.

Mi primera experiencia en Baiguate, y en cada verano sucesivo, fue tan feliz como la alegría de esos niños que vi jugando aquel primer día, y tan hermosa a nivel humano como la sonrisa de Isa.

También fue invaluable en mi desarrollo integral como adulto y profesional, siempre he sido un líder, pero en Baiguate aprendí que eso es un privilegio y una responsabilidad, y muchas otras cosas más, no pudiera contarlas, pero eso sobre todo. Eso me define hasta el día de hoy.

Y por el lado ¡YUPI! del verano, que seamos francos, es lo que realmente le importa a todo muchacho, señores, cuánto se goza, cuánto se goza.

Ahora mismo escribiendo estas líneas me dio por irme a pasar un par de días allá en el Rancho, comer esas habichuelas que añoro tanto, oler esos pinos, sentarme a leer bajo la misma mata de mango que me vio crecer y que espero que a estas alturas ya me ha perdonado por las piedras y el maroteo.

Y así será siempre, porque quien encuentra su paraíso no deja nunca de volver.

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